Aprendí que todos hemos vivido o vamos a vivir una situación a partir de la cual ocurre una transformación, una necesidad de cambio, un replantearnos la vida y que este punto de inflexión ocurre de manera sorprendente, intensa, benevolente y perdurable.
Yo puedo reconocer este punto de inflexión en mi vida, a mis treinta y cinco años, cuando por una casualidad se me abrieron los ojos a la realidad, desperté de mi letargo, me la pase siete años pensando que las cosas estaban perfectas en mi matrimonio y conmigo misma, estaba tan cómoda engañada, que no podía pensar en mejorar nada, todo era perfecto.
Bendigo cada cosa que paso, bendigo el dolor, bendigo las lágrimas, bendigo mi enojo, gracias a todo ello es que pude sentir y vivir la experiencia de este cambio. Gracias a todo pude sentir que todo cuanto pasó, tuvo que pasar y que mi Dios me abrazaba y me llenaba de su amor, sentí que caminaba con los ojos vendados pero El dirigía mis pasos, sentí que El me había mirado con su amor de padre, me había elegido para hacerme crecer, vio que era el momento oportuno y pude sentir su amor a tal extremo, como si me dijera, "tranquila, yo estoy contigo, confía en mi, solo avanza".
Puedo entender que este punto de inflexión, es una experiencia realmente intensa, porque ahora mirando en retrospectiva todo puede parecer sencillo y fácil de entender, pero en realidad han sido cinco meses para asimilar la lección, para aceptar que ya no estaba en mis manos, para lograr coherencia entre lo que pensaba, decía y actuaba. Fue necesario ese tiempo y fueron necesarias las dudas, fue necesario intentar todo y finalmente fue necesario el abandono, el soltar y el dejar fluir.
Aprendí a soltar mi problema, mis preocupaciones, mi depresión, comprendí que las cosas mas maravillosas e incomprensibles nos suceden sin estar fijos en ellas, como respirar, nadie esta preocupado porque los procedimientos se cumplan para poder respirar y sin embargo suceden, cuando estábamos en el vientre materno no nos preocupábamos de nada y sin embargo sucedió el milagro de la vida.
Solté mi problema y se volvió un oportunidad para mejorar, bendije la tristeza, las lágrimas y me siento agradecida por ellas. Me unió a mi Xto en su camino al calvario, pude vivir y sentir un poquito de lo que El pudo haber pasado en esos momentos, saber que estaba en el camino de la verdad y aceptar el calvario por Amor, orar al Padre para que aleje el calvario pero aceptar su voluntad, el sentir el agotamiento físico de tanto padecer, el perdonar aún estando dentro de tanto dolor, el soltar y dejar fluir encomendándose al Padre, todo lo pasé con El, y a partir de entonces puedo entender ese gran misterio de amor.
Soltar aquello que temes perder es verdaderamente difícil, yo temía perder a mi esposo, puse mi felicidad en sus manos, lo amaba y mucho, pero con un amor inmaduro, un amor como salido de los cuentos de hadas, nada apto para enfrentar el mundo real. Mucho tuvo que ver mi ego, el sentirme fracasada porque no supe mantener mi hogar unido, el imaginarme tachada por los demás, me ataba cada vez mas y me hacia aferrar a su amor. Entonces comprendí que el querer tener a nuestro lado cosas o personas, lograr títulos, reconocimientos, el lograr la aceptación de los demás, no son sino alimento para el ego, nos lleva a depender de esas cosas a las que nos apegamos tanto y finalmente cuando faltan nos hace pensar que no somos nada sin ellas, nos lleva a la depresión y nos encierra en un circulo vicioso bien difícil de escapar.
Una vez mas soltar y dejar fluir fue la solución, hoy puedo mirar a mi esposo a los ojos y decirle "no te necesito para ser feliz", no te amo porque te necesito, sino que te necesito porque te amo, sigo luchando por mi matrimonio pero no me hago dependiente de los resultados, se perfectamente que no puedo obligar a nadie a pensar, sentir y actuar como yo y estoy aprendiendo a amar nuestras diferencias y a valorar su individualidad.